lunes, 13 de junio de 2011
jueves, 9 de junio de 2011
Xhelazz - Solo son vidas
Si hay algo que amo del Hip Hop es cuando es capaz de sobrecargarme de imágenes, ficciones, realidades y sensaciones...
Maestros de las letras hay pocos, porque ser un maestro de las letras requiere tener los ojos y el corazón abiertos de par en par
domingo, 5 de junio de 2011
La caída del Caballero
Escúchame, hijo mío, para que los errores de la historia no se repliquen en tí, y rompas la caída cíclica que yo y los que estuvimos antes de tí te legamos.
El origen del caballero, del guerrero montado a grupa de corcel, se remonta a las batallas entre Ingleses y Sajones alrededor del año 1066, pero el ideario del mismo se pierde en las tradiciones de la antiguedad,
Es necesario distinguir entre caballlero como guerrero y como hombre de virtudes, no porque no puedan convivir los dos en la misma alma, sino porque sus momentos no suelen ser los mismos.
Tall vez por haber visto Inglaterra su comienzo histórico, la lengua anglo-sajona distingue al guerrero como Knight, y al hombre como Gentleman.
Gerreros fuimos, cierto. Pero no es a la guerra que le debemos nuestra esencia. El arte de la guerra, por más glorioso y justo que se haga, es deshumanizante; y muchas veces los caballeros más honrosos han sido guerreros que purgan sus fantasmas en el buen trato y la virtud.
Gentleman, hombre gentil, son las palabras que deben brillar en tu cabeza cuando escuches la palabra caballero.
Antaño, en tiempos crueles nos dedicábamos a la espada. Y en tiempos mansos la dejábamos alta en el mural o sobre el estandarte, y buscábamos sosiego para los terrores que vimos en nombre de lo que es bueno.
Y es ahí donde conocimos la virtud, la belleza y el fuego eterno que encendía el corazón y lo mantenía puro. La mujer.
No te confundas, hijo mío, porque la maldad alcanza sus más altos picos en las pieles más suaves, pero así mismo lo más tierno, puro e inocente que puede haber en estas tierras sin dioses son ellas. Está en tí saber distinguirlas.
Fue en la mujer donde los caballeros encontramos la debilidad, y has de entender hijo mío que el día que se acaben las damiselas, los caballeros habremos de extinguirnos. Guerrero podrá ser cualquiera que tome un arma.
Ser caballero se transmitió de padre a hijo, y con el pasar del tiempo la espada adornó la sala evocando viejos tiempos, la lanza se dejó al lado de la puerta, y el caballo no galopó más en campos de sinople y gules. Pero con el mismo orgullo compusimos canciones, escribimos poemas, gobernamos pueblos; y más que nada hicimos familias. Hermosas y buenas familias.
¿Qué generó nuestra caída? Solo un caballero puede herir a un caballero.
Alimentados por los mitos que las gentes tejieron en nuestra aura, el orgullo nos llevó a creernos más que nuestras damiselas, nuestras familias y nuestras virtudes. No fue necesaria la lanza para desangrar el corazón del caballero.
Abrir una puerta o pagar la cuenta no bastan para hacerte uno.
Es por eso, pequeño, que hoy te entrego lo que me entregó mi padre esperando que en mí cesara la caída del mal orgullo y la falsedad.
Sé justo y habla con la verdad. Nunca dejes que el orgullo se te suba a la cabeza, ni que la cabeza se pose por encima de tu corazón.
No le des la espalda a tus sentimientos, la hombría no está en aplastar lo que sientes si no en avivarlo al favor de la bondad.
Recuerda que la virtud eleva a los hombres, y no es mejor el del pecho más ancho. Un corazón grande se llena con poco.
Protege a tu mujer y a tu familia con tu vida, sin miedo alguno. Muere por una causa o un pueblo si es menester, pero recuerda que cada vida que tomes será un hogar que perderá el calor y la paz.
No odies, porque mientras más viejo sea el odio, menos sentido tendrá y más se alimentará de la ignorancia.
No vayas por la vida buscando problemas, pero tampoco huyas del conflicto ni temas responder en la pelea. Un caballero es un hombre que es bueno hasta que llega el momento de no serlo.
No maltrates a nadie. El corazón del hombre cruel se agria con su propia hiel.
Y por encima de todo; nunca hagas de nada más importante que tu esposa y tus hijos. El mundo perderá su bondad el día que la familia muera.
Tal vez nuestra salvación esté en nuestra misma perdición. Pero mientras haya una mujer que valga la sangre y el alma, y nuestra esencia lata en el corazón de un hombre, habrá esperanza para nosotros.
No cometas los errores de tu padre y tus ancestros... De nada servirá que te arrepientas como yo.
En tu lecho de muerte.
El origen del caballero, del guerrero montado a grupa de corcel, se remonta a las batallas entre Ingleses y Sajones alrededor del año 1066, pero el ideario del mismo se pierde en las tradiciones de la antiguedad,
Es necesario distinguir entre caballlero como guerrero y como hombre de virtudes, no porque no puedan convivir los dos en la misma alma, sino porque sus momentos no suelen ser los mismos.
Tall vez por haber visto Inglaterra su comienzo histórico, la lengua anglo-sajona distingue al guerrero como Knight, y al hombre como Gentleman.
Gerreros fuimos, cierto. Pero no es a la guerra que le debemos nuestra esencia. El arte de la guerra, por más glorioso y justo que se haga, es deshumanizante; y muchas veces los caballeros más honrosos han sido guerreros que purgan sus fantasmas en el buen trato y la virtud.
Gentleman, hombre gentil, son las palabras que deben brillar en tu cabeza cuando escuches la palabra caballero.
Antaño, en tiempos crueles nos dedicábamos a la espada. Y en tiempos mansos la dejábamos alta en el mural o sobre el estandarte, y buscábamos sosiego para los terrores que vimos en nombre de lo que es bueno.
Y es ahí donde conocimos la virtud, la belleza y el fuego eterno que encendía el corazón y lo mantenía puro. La mujer.
No te confundas, hijo mío, porque la maldad alcanza sus más altos picos en las pieles más suaves, pero así mismo lo más tierno, puro e inocente que puede haber en estas tierras sin dioses son ellas. Está en tí saber distinguirlas.
Fue en la mujer donde los caballeros encontramos la debilidad, y has de entender hijo mío que el día que se acaben las damiselas, los caballeros habremos de extinguirnos. Guerrero podrá ser cualquiera que tome un arma.
Ser caballero se transmitió de padre a hijo, y con el pasar del tiempo la espada adornó la sala evocando viejos tiempos, la lanza se dejó al lado de la puerta, y el caballo no galopó más en campos de sinople y gules. Pero con el mismo orgullo compusimos canciones, escribimos poemas, gobernamos pueblos; y más que nada hicimos familias. Hermosas y buenas familias.
¿Qué generó nuestra caída? Solo un caballero puede herir a un caballero.
Alimentados por los mitos que las gentes tejieron en nuestra aura, el orgullo nos llevó a creernos más que nuestras damiselas, nuestras familias y nuestras virtudes. No fue necesaria la lanza para desangrar el corazón del caballero.
Abrir una puerta o pagar la cuenta no bastan para hacerte uno.
Es por eso, pequeño, que hoy te entrego lo que me entregó mi padre esperando que en mí cesara la caída del mal orgullo y la falsedad.
Sé justo y habla con la verdad. Nunca dejes que el orgullo se te suba a la cabeza, ni que la cabeza se pose por encima de tu corazón.
No le des la espalda a tus sentimientos, la hombría no está en aplastar lo que sientes si no en avivarlo al favor de la bondad.
Recuerda que la virtud eleva a los hombres, y no es mejor el del pecho más ancho. Un corazón grande se llena con poco.
Protege a tu mujer y a tu familia con tu vida, sin miedo alguno. Muere por una causa o un pueblo si es menester, pero recuerda que cada vida que tomes será un hogar que perderá el calor y la paz.
No odies, porque mientras más viejo sea el odio, menos sentido tendrá y más se alimentará de la ignorancia.
No vayas por la vida buscando problemas, pero tampoco huyas del conflicto ni temas responder en la pelea. Un caballero es un hombre que es bueno hasta que llega el momento de no serlo.
No maltrates a nadie. El corazón del hombre cruel se agria con su propia hiel.
Y por encima de todo; nunca hagas de nada más importante que tu esposa y tus hijos. El mundo perderá su bondad el día que la familia muera.
Tal vez nuestra salvación esté en nuestra misma perdición. Pero mientras haya una mujer que valga la sangre y el alma, y nuestra esencia lata en el corazón de un hombre, habrá esperanza para nosotros.
No cometas los errores de tu padre y tus ancestros... De nada servirá que te arrepientas como yo.
En tu lecho de muerte.
Vive bajo estas leyes, enséñalas a tus hijos, muere en paz.

martes, 3 de mayo de 2011
Buena Suerte

Sunrise by Noobs
No voy a romperme los dedos en el teclado escribiendo una dedicatoria venenosa. Me enseñaste a no guardar rencor, y no puedo tirar a la basura lo bueno que me has dejado.
No quiero pensar en coincidencias, ni hacer trabajo de inteligencia en mi memoria conectando palabras para tratar de armar en un rompecabezas una realidad que seguramente me va a quemar los ojos...
Ni pienso extenderme más de lo necesario.
Muchas gracias, porque en tus tiempos fuiste mi vida y mi sol. Y mi pluma dio a lúz ríos de vida para tí, y te dediqué las canciones que no pude componer, y peleé por tí en todo campo que encontré. Porque te dí mil apodos al no encontrar soslayo en llamarte por un nombre (No cabías en un par de palabras).
Disculpa por las promesas que no mantuve. Disculpa porque conozco mis errores y no voy a echarles con una pala la tierra que pueda sacar de los tuyos.
No voy a echar a una tumba recuerdos, canciones ni fotos.
No voy a quemar noches.
No voy a masacrar un futuro que tanta paz me ha dado.
Simplemente te voy a decir adiós, te voy a desear buena suerte; y voy a mirar a mi horizonte a esperar a que amanezca
sábado, 9 de abril de 2011
Lo justo y Necesario. Parte 6. Salomé/Antropofagia
(Por favor escúchame mientras lees)
Los motores rugieron y corrimos como locos, el fantasma de las puñaladas y los golpes nos escudriñaba la conciencia sin piedad alguna, y la simple sensación de no estar ni solos ni seguros se compartía en un silencio incómodo que se rompió cuando Steffan se percató, histérico, de que yo tenía sangre corriéndome por el hombro.
Llegamos pronto, no habia tráfico (¡JA!), y en cuanto el auto se detuvo todos en él se agolparon para sacarme y auxiliarme. Pero yo ni entendía ni sentía la herida, no la recordaba... Y ahí perdí la consciencia.
* * *
Desperté de mi sopor envuelto en sábanas ensangrentadas. Me dolía a punzadas la carne entre el cuello y el hombro, y al palparme sentí una almohadilla de gaza adherida sobre la herida que luego vería bien. Era un corte, menos de un centímetro de hondo, las suturas picaban, y desupurarla dolía como mil demonios. Irónico, cuando ni sentí la hoja morder.
Pero eso no fue lo que me sacó de mí. Más por cuidado a una herida que no conocía, me giré con suavidad para levantarme por el lado derecho, y al hacerlo una sombra de cabello negro sobre bata blanca se meneó suavemente frente a mí, de espaldas. Ella estaba sentada frente a un escritorio que daba a la pared, y sus caderas dibujaban una suaves curvas, tanto que creerías no verlas. Se daban arítmicamente, y si no fuera por un espejo de mano que levantó para mirarse en detalle, nunca habría entendido por qué.Ella se miraba al espejo para limpiarse la sangre de la cara y relamerse los dedos.
- . . . -
Extrañado, me quedé en silencio, observándola, viendo como desaparecía mi mancha de su carita pulida y sus dedos delgados como lápices. El metal brillaba sobre su labio inferior. Al final volteó tan rápido que por poco no cerré los ojos y me hice el dormido a tiempo. Simplemente se levantó y se fué, dejando en el aire un perfume a hierro, cítrico y flores, cortando el silencio con el sonido de sus botas dando "clap, clap" al pulido piso de la enfermería.

(Por favor escúchame mientras lees)
Salomé Salinas nació en una bonita familia, su papá era dueño de una gran empresa de útiles escolares, y su mamá era la comunicadora de SOFASA. El dinero nunca le faltó, pero definitivamente la sobra del verde no la hizo llenar el medio corazón que ya tenía negro de envidia.
Los animales eran su pasión, algo que primero fue alimentado por su mamá, teniendo gatitos de pequeña, y enseñándole a conducir un caballo con la fiereza de una amazona. Su infancia la convirtió en una mimada que tuvo que dejar de serlo a medio camino porque apareció una hermanita que le robó todo lo que creyó suyo.
A los 9 años, Salomé tenía un caballo propio en su finca, un mayordomo que lo cuidaba hasta el último detalle que mandara, un salón de clases que la envidiaba, clases extracurriculares de francés, teatro y kumon, una hermanita de 5 años y 2/3 de papá junto entre sus dos padres.
A los 14 tenía tres caballos, dos perros, el último Mac, un año de adelanto en el colegio, un viaje a europa, una hermanita de 9 en la mejor expresión de la 'edad del moco', una excesiva necesidad de atención alimentada por la preadolescencia y una cuenta en Bancolombia a la que mensualmente le entraban $700.000 que ella gastaba como le diera la gana. Sus papás ya ni iban a verla ganar torneo tras torneo de equitación.
A los 19, su mamá odiaba los animales, incluído su propio gato, su hermanita se probaba el closet entero de Salomé mientras mami le tomaba fotos que ella subía a su FB (con más carne que tela, aunque sus 14 años no temrinaban de afirmarla, pero que servía bien para calentar prepúberes precoces como ella), un papá muerto por alto colesterol, un padrastro tan cariñoso como podía serlo un abogado, La mejor cámara de fotografía, la ropa más hecha a la medida de cuanto diseñador goth le atraía, cursaba dos carreras universitarias brillantes en notas y mediocres en prospecto de felicidad, un inmenso cuarto aparte de la casa que parecía intencionalmente separado de los pasillos que llevaban a las otras habitaciones, un millón mensual como pago por el cariño ausente, su propia Mitsubishi Nativa y la finca a su completa disposición como paraíso para descansar de su mundo.
Entonces qué evitó que tomara su monstruosa 4x4 y se largara a su finca? Camila, sus 14 años, su falta de tolerancia al campo más que al resto de lugares que no fueran Mc Donnald's, una discoteca para menores, un mall o su casa; y un lazo de sangre. No se hubiera convertido mami en otro monstruo, y Cami seguiría en su casa imaginando que afuera todo seguía igual.
* * *
Salí de la enfermería, cosa que se volvería costumbre para mí, pero Salomé ya no estaba a la vista. El "Clap" de sus botas ya no se oía, y había perdido el rastro de su aroma.
Durante esos días todavía vivíamos enclaustrados en la biblioteca, amontonando los sofás y durmiendo en grupo con guardias consantes que miraban a través de los ventanales. Pero nadie afuera sabía que había gente en la U, y las rejas parecían detener bien a los zombies que aparecían esporádicamente a golpetearse confundidos contra la maya. Supusimos que no la veían, así como las moscas no ven el vidrio.
Entré a la biblioteca apenas comenzando a sentir la tensión de la carne que quería volver a abrirse, subí por las escaleras al segundo piso sin digitar ninguna cédula ni poner mi TIP en el lector, y encontré a todo el mundo sentado regodeándose del combate de hace unas horas, reseñando sus armas, sus golpes y sus habilidades. En cuanto me vió, Rino levantó la voz.
- !Hey! ¿Que casi te hacen una traqueotomía? - JAJAJAJAJA, rieron a coro. Yo todavía no los conocía bien a todos, pero la simple cercanía durante la batalla, y el saber que ellos me cuidaban la espalda, era suficiente para reírme de vuelta.
Los números parecía haber crecido en cuestión de unos cuantos. En especial mujeres. Ellas iban llegando cada vez en más número, viendo un poco más calmado todo afuera, y muchas de ellas avisadas por compañeros o conocidos suyos de que la U era un lugar seguro. Su presencia seriamente levantaba la moral de la recua así como los hacía más competitivos. Hacia animales íbamos igual antes de que todo se fuera a la mierda, así que no había mucha diferencia.
Rino molestaba de a pocos mientras echaba indirectas a una rubia muy linda, Steffan platicaba con otra con desesperado interés, Helder se sentaba en un borde de un sofá a mirar sus negativos horrendos, y Carlos miraba con calma a todos y a ninguno. Cada vez con más control sobre las cosas.
(Por favor escúchame mientras lees)
Hati llegó de la nada, andando en silencio con su bastón en la mano, cubierto con el poncho, y con la media sonrisa de calma que siempre llevaba. Nunca entendíamos como lo hacía, pero podía pasar por la ciudad a pié sin tener encontrones con las bestias. Más adelante incluso llegó a meterse a la catedral y a la SkinHold.- ¿Te viniste caminando todo esto? Cuanto te tomó?
- Unas horas - Me respondió - Me detuve a ver algo que me pareció de lo más interesante.
Lo que escuchamos esa tarde nos heló la sangre como nada lo había hecho hasta el momento. El mundo definitivamente se estaba volteando, y como privilegiados que éramos, temimos.
Hati decidió ir más hacia el sur, siguiendo el ruido de motores de los carros de los SHARP, hasta que se detuvieron en la autopista cerca al Puente de Guayaquil. Los Skinheads sacaron a un par de heridos que llevaban para tratarlos de emergencia, desgarrándose las camisetas para hacer vendajes y torniquetes, y amontonados en una rueda sobre sus heridos en medio del pánico de no querer perder un amigo, no los vieron llegar.
Eran sucios, silenciosos, rápidos, y se comportaban como si la calle fuera su propiedad.
De entre la chaqueta raída, acomodado en el pantalón amarrado con cabuya y la camiseta varias tallas más ancha, un indigente sacó una navaja y la clavó en uno de los calvos, el grito de dolor alertó a los otros, que en vano desenfundaron lo que tenían, pero parecían pelear con el aire.
Tres mandaron golpes y puñaladas contra el gamín, sin tocarlo, mientras el recién herido se recostaba contra el sedan blanco manchando la pintura con su sangre. Pero en cuestión de nada el solitario mendigo estaba respaldado por otra decena que salieron de la nada, armados con tubos, palos, piedras y cuchillos; junto con otros 15 que bajaron de los edificios opuestos al río y de los callejones de la zona industrial y que hicieron retroceder a los Skins hacia sus vehículos de nuevo.
Cuatro indigentes se abalanzaron blandiendo puñal hacia los heridos, amenazando a los sanos, y de un movimiento agarraron sus pies y comenzaron a arrastrarlos hacia el río. Con fiereza, uno de los mastodontes trató de recuperarlos y derribar a los ladrones a manotazos, pero una piedra le dió con singular precisión en la frente, y un indigente corrió hacia él con una varilla afilada. Apenas tuvo tiempo de plantarle una patada en el pecho para alejarlo y subirse al carro. Los neumaticos chirriaron dejando marcas en el asfalto, y los calvos se perdieron por la autopista hacia el sur dejando atrás los insultos y los gritos de victoria desafinados y metálicos.
Los gamines, dejando de lado completamente la mendicidad, levantaron en grupo los dos cuerpos y los llevaron cargados a uno de los puentes con calle bajo ellos, donde tenían amontonadas cosas que habían ido recolectando, y tirándolos al suelo, con poca sangre y consciencia como estaban, les sostuvieron manos, piernas y cabeza, y los trataron como res en carnicería.
Amordazados como estaban, los gritos se escucharon poco. Igual no había nadie que fuera a ayudarlos en esto
Sí... Los sucios separaron su carne, comiendo cada uno un poco. Tomaron las víceras y las pusieron sobre un hueco en el pasto tapado con ramas delgadas. Más tarde ese olor atrajo un par de bestias, atrapando una en la trampa, mientras otra huía despavorida a todo lo que podía cuando cinco gamines corrieron detrás para atraparla. La desesperación o la falta de coordinación la llevaron a la canalización del Río Medellín, y rodando por las paredes cayó a las aguas putrefactas, llevándosela lejos al olvido.
Ellos simplemente volvieron, golpearon al animal hasta que lo pudieron sacar inmovil de la trampa, lo ataron a un poste, y disfrutaron de carne más fresca.
Todos quedamos helados, estáticos, boquiabiertos... Y en el sepulcral silencio entrecortado nuestra agitada respiración, vi a Salomé sonriendo con el final de la historia mientras jugueteaba con un cuchillo sobre sus dedos.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Lo Justo y Necesario. Parte 5. Sociedad en el caos
(Por favor, escúchame mientras lees)
El mareo no se hizo esperar. Ya era suficiente sangre perdida, tiempo de ir con Sergio.
Salí de mi habitación dando una corta mirada a los árboles que apuntaban hacia la muerta autopista, tomé solo el machete y caminé a la vieja enfermería. El cielo pintaba gris, pero ya casi nunca llovía.
La ciudad ya no lo era. Todo lo que la hacía urbe de medio pelo, ahora no existía. Para bien y para mal.
El silencio era tanto natural como sepulcral. Un motor podría oirse a dos o tres kilómetros, y un balazo al triple.; y tus pensamientos nunca te dejaban tranquilo. El valle se hizo una celda donde todo parecía saberse.
"De las armas no hay, en el campo, que alejarse un paso; nunca se sabe por esos caminos cuándo hará falta la lanza."
Gracias, viejo gauta.
Sergio era un hombre que compensaba con su cortísima altura el mal genio, la negatividad y el pereque de tres doctores. Sus manos eran ágiles, estables, siempre dispuestas. Justo como él no era.
"Matasanos" le decíamos, y siempre tenía algo malo que decir de lo que fuera.
" - Necesito un grupo de 7 hombres para que salgan a recolectar. La zona alta de Belén todavía está virgen, y estamos faltos de recursos de segunda línea - Decía Carlos.
- Agh, pero afuera siempre están las bestias, los calvos, los sucios... ¿Por qué hay que salir?
-Porque si no conseguimos baterías, herramientas y gasolina. Como va la cosa nos van a matar a todos.
- Ah... Cierto.... No se olviden de traerme medicinas, toallas, vacunas, complementos vitamínicos, y cositas pa' los antojos de las gestantes. Muchas ya van por puntos críticos."
Eso si. Para pedir estaba solo.
"Hola", Dijo. Pero en sus palabras oí esquirlado "¿Otra ves vos? ¿No estás harto de que te apuñalen? dejá de hacerte el héroe"... Mientras mi subconsciente me sermoneaba con su voz, él sacó sus líquidos favoritos, sus mejores agujas y sus guantes de latex, y me hizo sentir lo que Martina no puede con dos horas de tatuaje.
- Viejo. ¿Qué has sabido de afuera?
- El mismo infierno. Ya toca hacer revisiones minuciosas, buscar tiendas de barrio, abrir casas, romper todo... Esta ciudad ya está consumida. Ahora los afortunados vamos a chupar.
Es que esta ciudad perdió su autosuficiencia en su afán de desarrollo, los campos, las quebradas, el río, los cerros. Todo se cubrió de ladrillo, cemento y mierda, y todas las necesidades de esta Comala, de esta olla infernal, las suplieron los pueblos tras las montañas y las Empresas públicas de Medellín.
La guerra no tardó en explotar.
Las primeras dos semanas sobrevivimos son mayores percances. La electricidad tardó tiempo en desaparecer, así que manteníamos encendidas solo las luces necesarias y las neveras de los puestos de comida para preservar los pocos alimentos. Las costumbres fueron duras de romper: Comer a deshoras lo que se antojara, bañarse a diario, ver películas y escuchar música todo el día... Mano dura fue necesaria para reprimir tantos consentidos, tantos acomodados... Pero nadie podía cuestionar la necesidad de represión.
Pronto la necesidad de comida y recursos conformó el eje de nuestra chueca sociedad. El pillaje. La primera opción fue la plaza minorista. Estaba cerca, pero había que ver qué habían dejado los muertos.
La primera salida a la minorista fué un éxito. Los muertos se habían vuelto lentos y sosos como en las películas, y fue tan simple pasarlos a machete que volvimos con siete carros llenos de comida. La dicha fue tal que hasta una fiesta hubo, y no tardamos en tomar confianza y comenzar un plan de saqueos.
Lo primero fueron los mercados. Comida, implementos de aseo personal. Luego fueron las herramientas, las armas y la ropa. Por último estaba todo lo demás que pudiera necesitarse.
Pero no estábamos solos.
El viaje en cuestión se hizo en tres carros. Éramos diecisiete, recuerdo que en ese viaje estuvimos Rino, Mala, Carlos, Steff, Helder, Hati y yo. ¿Por qué? Simple. Habían armas de por medio.
De Hati contaré luego como llegó a nosotros. Pero te digo que es un hombre enigmático, callado y que nunca parece triste. Nunca llevaba armadura, solo andaba con una vieja chaqueta militar, un poncho osucrecido por la tierra y los años, y un palo que le llegaba al pecho. El hombre sabía moverse como si nada pudiera tocarlo.
Por protección contra las bestias, varios íbamos con el uniforme del ESMAD encima. Los escudos hacían mucho bulto, pero las corazas parecieron buena idea en su momento.
Lo primero fue entrar a la 4° Brigada. Pero no había una sola bala que sacar... Encontramos explosivos, uniformes, equipos, morrales... pero ni un fusil, ni una pistola; y menos una bala.
Confundidos, enviamos de vuelta los carros cargados con todo, y los catorce restantes encaminamos a las tiendas militares del área. No nos íbamos a ir con las manos vacías.
(Por favor, escúchame mientras lees)
Entramos a la primera, a dos cuadras del Estadio subiendo por Colombia. Eran tres pisos de cuchillos, manoplas, cuerda, uniformes en insignias. Todos parecíamos niños pequeños en una ducería, y cargados hasta los dientes en acero, fuimos saliendo con todo lo que podíamos cargar.
Segunda tienda, Saqueada. Tercera tienda. Saqueada.
Pero al entrar a la cuarta, una desagradable sorpresa reventó el globito de niño que llevábamos todos.
Nuestra algarabía era tal que no escuchamos la de los calvos dentro de la tienda.... Ahí estaban. Al menos treinta Skinheads probándose manoplas, cuchillos y macanas... Nuestras miradas se cruzaron, y el silencio se apoderó. Todos estábamos congelados, atentos, asustados...
Uno de ellos se adelantó hacia nosotros, era de estatra media y llevaba un buso cuello de tortuga verde con cierre, jeans entubados de bota corta, y botascafes de charol. Su cabeza relucía como una hoja de acero. Carlos lo frenteó a medio camino.
- ¿Quienes son ustedes?
- Gente... -Dijo Carlos con sorna - Gente...
- Ah, pero vos traes TU gente a MI territorio. ¿No ves que todo esto es nuestro?
-Pues yo no veo nombres en los muros... ni en los hierros - Los dos se examinaron de arriba a abajo - ¿Como te llamas?
- Nano... Y somos de la Skin Medellin... Ahora soltate mis latas o te las voy a quitar de las manos muertas...
- ¿De las qué? - Preguntó Carlos sabiendo bien como reaccionaría.
"Nano" Dió un paso hacia él, clavándole el dedo en el pecho mientras le escupía en la cara "de tus putas ma..."
Carlos se le adelantó. Antes de que acabara ya tenía un taser en el cuello. Un corrientazo y el Skin yacía en el suelo soltando babaza por la boca.
En un segundo todo fué un campo de batalla. Los machetes se desenfundaron, las navajas se abrieron, "Click", los tambos se extendieron y los gritos ahogaron el aire.
Los calvos cargaron, eran fuertes como toros, pero las armaduras del ESMAD hacían maravillas. Con el segundo golpe que habrían necesitado para incapacitarnos, ya recibían el golpe en la sien, la rula en el cuello o la lata en el vientre.
Mi hoja encontró una mano que volaba hacia mi amenazando con un cuchillo de cacería, para luego partirlo de la clavícula hacia adentro. Inmediatamente después, el impacto de una navaja que no pasaba la espalda de la armadura me hizo girar como un rayo. La larga hoja se alojó en la cara, y el hombre cayó desplomado como ropa al suelo. Mi corazón latía a mil, sintiendo como si la herida me la hubiera llevado yo...
Pero la suerte no nos acompañó a todos, y por falta de armaduras, uno recibió de frente, espasmódico, una mariposa que bailaba entre manos mientras la mole lo levantaba del piso. No logró sacársela al cadaver a tiemp
o, y Hati le partió la nuca de un golpe con su bastón sin siquiera una mueca de disgusto.
El segundo, estrellado contra un muro, recibió tres golpes en el cráneo antes de esquivarle un machetazo a Mala. La escena se repitió con inverosimilitud en mi cabeza al ver la velocidad a la que se movía. Con brutal precisión, el calvo de orejas amplias y ojos perezosos esquivó un tajo de ricardo, y le descargó su puño tras el pómulo izquierdo. El CRACK del hueso quebrándose bajo la manopla hizo que todos voltearan por un segundo. No se le hubiera clavado el machete a Clara en la pared y el pobre estaría regando el piso de rojo.
Viéndose en desventaja, dos mastodontes nos barrieron al mejor estilo rugby mientras tres se llevaban cargado a su lider. El resto diguió ejemplo y corrió como almas que lleva el diablo. No había pasado un minuto, y ya teníamos siete muertos en el local. Dos nuestros, cinco de ellos.
El pobre beta... Daniel se llamaba... y sangraba por el cráneo como un grifo abierto. Steffan corrió a ayudarlo, pero Carlos lo detuvo sin un ápice de remordimiento.
- De esta no se recupera - Y sin pensarlo le dió una descarga en el pecho para "dormirlo". Luego sacó su cuchillo nuevo, abrió la cajita, la hizo a un lado, undió el botón que propulsó la hoja afuera y se lo clavó en la carótida. Un chorro rojo le bañó el pecho.
- Fue un buen guerrero. Fue un legionario. Ricardito también lo fue - Dijo señalando la mariposa clavada entre las costillas - pero no hay nada qué hacer por ellos. Esta tierra ya no es santa. Aquí nadie descansa... Sepultados en los buches de esas bestias.
Nadie dijo nada... Steffan no podía creer lo que veía. La ira lo consumía...
No tardamos en correr a terminar de saquear el área, todo se fué con nosotros, los autos iban repletos, Aprovechamos bien tres asientos vacíos. Dos muertos y Hati, que dijo que no nos preocupáramos. Que si había llegado solo la primera vez, lo haría de nuevo.
Corrimos a casa con el corazón en la tráquea... Cuanta sangre... Y tan poco remordimiento por nuestros muertos.
Salí de mi habitación dando una corta mirada a los árboles que apuntaban hacia la muerta autopista, tomé solo el machete y caminé a la vieja enfermería. El cielo pintaba gris, pero ya casi nunca llovía.
La ciudad ya no lo era. Todo lo que la hacía urbe de medio pelo, ahora no existía. Para bien y para mal.

El silencio era tanto natural como sepulcral. Un motor podría oirse a dos o tres kilómetros, y un balazo al triple.; y tus pensamientos nunca te dejaban tranquilo. El valle se hizo una celda donde todo parecía saberse.
* * *
"De las armas no hay, en el campo, que alejarse un paso; nunca se sabe por esos caminos cuándo hará falta la lanza."
Gracias, viejo gauta.
* * *
Sergio era un hombre que compensaba con su cortísima altura el mal genio, la negatividad y el pereque de tres doctores. Sus manos eran ágiles, estables, siempre dispuestas. Justo como él no era.
"Matasanos" le decíamos, y siempre tenía algo malo que decir de lo que fuera.
" - Necesito un grupo de 7 hombres para que salgan a recolectar. La zona alta de Belén todavía está virgen, y estamos faltos de recursos de segunda línea - Decía Carlos.
- Agh, pero afuera siempre están las bestias, los calvos, los sucios... ¿Por qué hay que salir?
-Porque si no conseguimos baterías, herramientas y gasolina. Como va la cosa nos van a matar a todos.
- Ah... Cierto.... No se olviden de traerme medicinas, toallas, vacunas, complementos vitamínicos, y cositas pa' los antojos de las gestantes. Muchas ya van por puntos críticos."
Eso si. Para pedir estaba solo.
"Hola", Dijo. Pero en sus palabras oí esquirlado "¿Otra ves vos? ¿No estás harto de que te apuñalen? dejá de hacerte el héroe"... Mientras mi subconsciente me sermoneaba con su voz, él sacó sus líquidos favoritos, sus mejores agujas y sus guantes de latex, y me hizo sentir lo que Martina no puede con dos horas de tatuaje.- Viejo. ¿Qué has sabido de afuera?
- El mismo infierno. Ya toca hacer revisiones minuciosas, buscar tiendas de barrio, abrir casas, romper todo... Esta ciudad ya está consumida. Ahora los afortunados vamos a chupar.
Es que esta ciudad perdió su autosuficiencia en su afán de desarrollo, los campos, las quebradas, el río, los cerros. Todo se cubrió de ladrillo, cemento y mierda, y todas las necesidades de esta Comala, de esta olla infernal, las suplieron los pueblos tras las montañas y las Empresas públicas de Medellín.
La guerra no tardó en explotar.
Las primeras dos semanas sobrevivimos son mayores percances. La electricidad tardó tiempo en desaparecer, así que manteníamos encendidas solo las luces necesarias y las neveras de los puestos de comida para preservar los pocos alimentos. Las costumbres fueron duras de romper: Comer a deshoras lo que se antojara, bañarse a diario, ver películas y escuchar música todo el día... Mano dura fue necesaria para reprimir tantos consentidos, tantos acomodados... Pero nadie podía cuestionar la necesidad de represión.
Pronto la necesidad de comida y recursos conformó el eje de nuestra chueca sociedad. El pillaje. La primera opción fue la plaza minorista. Estaba cerca, pero había que ver qué habían dejado los muertos.
La primera salida a la minorista fué un éxito. Los muertos se habían vuelto lentos y sosos como en las películas, y fue tan simple pasarlos a machete que volvimos con siete carros llenos de comida. La dicha fue tal que hasta una fiesta hubo, y no tardamos en tomar confianza y comenzar un plan de saqueos.
Lo primero fueron los mercados. Comida, implementos de aseo personal. Luego fueron las herramientas, las armas y la ropa. Por último estaba todo lo demás que pudiera necesitarse.
Pero no estábamos solos.
El viaje en cuestión se hizo en tres carros. Éramos diecisiete, recuerdo que en ese viaje estuvimos Rino, Mala, Carlos, Steff, Helder, Hati y yo. ¿Por qué? Simple. Habían armas de por medio.
De Hati contaré luego como llegó a nosotros. Pero te digo que es un hombre enigmático, callado y que nunca parece triste. Nunca llevaba armadura, solo andaba con una vieja chaqueta militar, un poncho osucrecido por la tierra y los años, y un palo que le llegaba al pecho. El hombre sabía moverse como si nada pudiera tocarlo.
Por protección contra las bestias, varios íbamos con el uniforme del ESMAD encima. Los escudos hacían mucho bulto, pero las corazas parecieron buena idea en su momento.
Lo primero fue entrar a la 4° Brigada. Pero no había una sola bala que sacar... Encontramos explosivos, uniformes, equipos, morrales... pero ni un fusil, ni una pistola; y menos una bala.
Confundidos, enviamos de vuelta los carros cargados con todo, y los catorce restantes encaminamos a las tiendas militares del área. No nos íbamos a ir con las manos vacías.
(Por favor, escúchame mientras lees)
Entramos a la primera, a dos cuadras del Estadio subiendo por Colombia. Eran tres pisos de cuchillos, manoplas, cuerda, uniformes en insignias. Todos parecíamos niños pequeños en una ducería, y cargados hasta los dientes en acero, fuimos saliendo con todo lo que podíamos cargar.
Segunda tienda, Saqueada. Tercera tienda. Saqueada.
Pero al entrar a la cuarta, una desagradable sorpresa reventó el globito de niño que llevábamos todos.
Nuestra algarabía era tal que no escuchamos la de los calvos dentro de la tienda.... Ahí estaban. Al menos treinta Skinheads probándose manoplas, cuchillos y macanas... Nuestras miradas se cruzaron, y el silencio se apoderó. Todos estábamos congelados, atentos, asustados...Uno de ellos se adelantó hacia nosotros, era de estatra media y llevaba un buso cuello de tortuga verde con cierre, jeans entubados de bota corta, y botascafes de charol. Su cabeza relucía como una hoja de acero. Carlos lo frenteó a medio camino.
- ¿Quienes son ustedes?
- Gente... -Dijo Carlos con sorna - Gente...
- Ah, pero vos traes TU gente a MI territorio. ¿No ves que todo esto es nuestro?
-Pues yo no veo nombres en los muros... ni en los hierros - Los dos se examinaron de arriba a abajo - ¿Como te llamas?
- Nano... Y somos de la Skin Medellin... Ahora soltate mis latas o te las voy a quitar de las manos muertas...
- ¿De las qué? - Preguntó Carlos sabiendo bien como reaccionaría.
"Nano" Dió un paso hacia él, clavándole el dedo en el pecho mientras le escupía en la cara "de tus putas ma..."
Carlos se le adelantó. Antes de que acabara ya tenía un taser en el cuello. Un corrientazo y el Skin yacía en el suelo soltando babaza por la boca.
En un segundo todo fué un campo de batalla. Los machetes se desenfundaron, las navajas se abrieron, "Click", los tambos se extendieron y los gritos ahogaron el aire.
Los calvos cargaron, eran fuertes como toros, pero las armaduras del ESMAD hacían maravillas. Con el segundo golpe que habrían necesitado para incapacitarnos, ya recibían el golpe en la sien, la rula en el cuello o la lata en el vientre.
Mi hoja encontró una mano que volaba hacia mi amenazando con un cuchillo de cacería, para luego partirlo de la clavícula hacia adentro. Inmediatamente después, el impacto de una navaja que no pasaba la espalda de la armadura me hizo girar como un rayo. La larga hoja se alojó en la cara, y el hombre cayó desplomado como ropa al suelo. Mi corazón latía a mil, sintiendo como si la herida me la hubiera llevado yo...
Pero la suerte no nos acompañó a todos, y por falta de armaduras, uno recibió de frente, espasmódico, una mariposa que bailaba entre manos mientras la mole lo levantaba del piso. No logró sacársela al cadaver a tiemp
o, y Hati le partió la nuca de un golpe con su bastón sin siquiera una mueca de disgusto.El segundo, estrellado contra un muro, recibió tres golpes en el cráneo antes de esquivarle un machetazo a Mala. La escena se repitió con inverosimilitud en mi cabeza al ver la velocidad a la que se movía. Con brutal precisión, el calvo de orejas amplias y ojos perezosos esquivó un tajo de ricardo, y le descargó su puño tras el pómulo izquierdo. El CRACK del hueso quebrándose bajo la manopla hizo que todos voltearan por un segundo. No se le hubiera clavado el machete a Clara en la pared y el pobre estaría regando el piso de rojo.
Viéndose en desventaja, dos mastodontes nos barrieron al mejor estilo rugby mientras tres se llevaban cargado a su lider. El resto diguió ejemplo y corrió como almas que lleva el diablo. No había pasado un minuto, y ya teníamos siete muertos en el local. Dos nuestros, cinco de ellos.
El pobre beta... Daniel se llamaba... y sangraba por el cráneo como un grifo abierto. Steffan corrió a ayudarlo, pero Carlos lo detuvo sin un ápice de remordimiento.
- De esta no se recupera - Y sin pensarlo le dió una descarga en el pecho para "dormirlo". Luego sacó su cuchillo nuevo, abrió la cajita, la hizo a un lado, undió el botón que propulsó la hoja afuera y se lo clavó en la carótida. Un chorro rojo le bañó el pecho.
- Fue un buen guerrero. Fue un legionario. Ricardito también lo fue - Dijo señalando la mariposa clavada entre las costillas - pero no hay nada qué hacer por ellos. Esta tierra ya no es santa. Aquí nadie descansa... Sepultados en los buches de esas bestias.
Nadie dijo nada... Steffan no podía creer lo que veía. La ira lo consumía...
No tardamos en correr a terminar de saquear el área, todo se fué con nosotros, los autos iban repletos, Aprovechamos bien tres asientos vacíos. Dos muertos y Hati, que dijo que no nos preocupáramos. Que si había llegado solo la primera vez, lo haría de nuevo.
Corrimos a casa con el corazón en la tráquea... Cuanta sangre... Y tan poco remordimiento por nuestros muertos.
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sábado, 19 de marzo de 2011
Y yo que mierdas sé de como poner un título....
Son las 12:34, un trueno se estira sacudiendo el aire por varios segundo, y la lluvia cae tan gélida que siento el frío aún dentro de mi pequeña habitación.
El azar elije una canción... y una vieja promesa, una serenata que nunca canté se me cuela por los poros y le da impulso al mecanismo lacrimógeno que se atrofió cuando entendí que con mi mamá a kilómetros de distancia y mi papá a millas náuticas en sus pensamientos, no había más que arreglármelas solo.
Afuera llueve con la parsimonia y el dejo del que respira con decepción. Sé que las gotas estan tan frías que al primer contacto mi piel se resentiría con escozor. Las luces en la calle están encendidas, pero a través de mi ventana predomina el negro.
Hoy me duele el alma más que ayer, como si el golpe me hubiera disparado la adrenalina, como si ayer hubiera bebido amargo licor, embriagante pero ponzoñoso, y apenas hoy sintiera la resaca, el golpe, el suelo.
Quisiera salir a caminar en la lluvia y diluirme bajo las gotas.
Hoy te extraño más que ayer... y por primera vez en mi vida siento que hordas de muertos acabando con todo no mejorarían mi vida, simplemente porque no quiero desaparecerte.
Siento, en los momentos más inverosímiles, más comunes, más caseros, como me entra una aguda necesidad de dejar caer lágrimas para limpiarme; pero no estoy muy seguro qué llave tengo que abrir dentro de mí para que mis ojos entiendan que los prefiero empañados a que me mantengan mirando a un horizonte que no está interrumpido por tí.
Otro apagado trueno barre hacia el valle, y yo sueño con dormir...
El azar elije una canción... y una vieja promesa, una serenata que nunca canté se me cuela por los poros y le da impulso al mecanismo lacrimógeno que se atrofió cuando entendí que con mi mamá a kilómetros de distancia y mi papá a millas náuticas en sus pensamientos, no había más que arreglármelas solo.
Afuera llueve con la parsimonia y el dejo del que respira con decepción. Sé que las gotas estan tan frías que al primer contacto mi piel se resentiría con escozor. Las luces en la calle están encendidas, pero a través de mi ventana predomina el negro.
Hoy me duele el alma más que ayer, como si el golpe me hubiera disparado la adrenalina, como si ayer hubiera bebido amargo licor, embriagante pero ponzoñoso, y apenas hoy sintiera la resaca, el golpe, el suelo.
Quisiera salir a caminar en la lluvia y diluirme bajo las gotas.
Hoy te extraño más que ayer... y por primera vez en mi vida siento que hordas de muertos acabando con todo no mejorarían mi vida, simplemente porque no quiero desaparecerte.
Siento, en los momentos más inverosímiles, más comunes, más caseros, como me entra una aguda necesidad de dejar caer lágrimas para limpiarme; pero no estoy muy seguro qué llave tengo que abrir dentro de mí para que mis ojos entiendan que los prefiero empañados a que me mantengan mirando a un horizonte que no está interrumpido por tí.
Otro apagado trueno barre hacia el valle, y yo sueño con dormir...
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